Por la alta densidad mineral de las aguas de Texcoco, los habitantes de Iztacalco hicieron una industria de la extracción de sal, de donde vendría su nombre derivado del náhuatl: Iztatl (sal), calli (casa) y el locativo co (en) - "En la casa de la sal".
Iztacalco -"En la casa de la sal"- figura en la memoria cultural de México desde épocas remotas, y algunos de los más importantes códices que registraron la historia de México desde su pasado prehispánico nos dan cuenta de su existencia cuando era apenas un pequeño islote donde se unían los lagos de Chalco y Texcoco y que junto con Zacatlamanco (Santa Anita en la actualidad), estaba rodeado de canales.
Iztacalco fue uno de los últimos sitios de la peregrinación Mexica antes de fundar la gran Tenochtitlan. El paso Mexica en Iztacalco propició su evolución productiva, originando que posteriormente se convirtiera en una "estancia" de la misma metrópoli, a la que abastecía de diversos productos provenientes del lago y de la agricultura intensiva de sus chinampas. (En el códice Osuna se le llama "estancia", término que evocaba lugares dependientes de un gobierno ubicado en otro punto).
Según el códice Mendocino, Iztacalco en tiempos de Moctezuma II, era parte de un grupo de poblaciones bajo el mando directo de Tenochtitlan.
La vida colonial irrumpió en Iztacalco con el sitio de Tenochtitlan por los españoles, que introdujeron sus naves, cuenta Bernardino de Sahagún, "por el rumbo de Iztacalco", que fue así dominado antes que la metrópoli.
En Iztacalco como en otros lugares del sureste de la capital, los españoles dejaron la agricultura en manos indígenas. Iztacalco fue el más importante abastecedor de la antigua ciudad de México y sus alrededores, al cubrir dos terceras partes de su consumo de vegetales, frutas y verduras.
Iztacalco que fue una comunidad calpixqui continuó como "estancia" de Tenochtitlan hasta el siglo XVIII. Se le añadió el nombre de San Matías, apóstol al que los franciscanos consagraron la iglesia y el convento que establecieron en el pueblo.
A mediados del siglo XIX todavía existía en los pueblos del sur el orden económico de la Colonia y de acuerdo con el padrón de 1848, el 96% de los 1372 habitantes de Iztacalco eran hortelanos o chinamperos, 382 eran jornaleros, había 65 comerciantes, 10 chiquihuiteros, 9 maestros, un cochero, un carpintero y un sastre.
En su "Breve y compendiosa narración de la ciudad de México", fechada en 1777, Juan de Viera, vicario parroquial y administrador del Colegio de San Ildefonso nos describe Iztacalco, así:
"Es un breve epílogo de las delicias con que la mano soberana de Dios quiso adornar esta ciudad, pues desde el centro de la plaza corre por una calle derecha la laguna que va para Chalco, dejando una y otra aceras para coches y caballos. El centro de la calle lo ocupa la laguna, que corre por un canal de mampostería, registrándose desde los balcones de las casas el crecidísimo número de canoas y chalupas que entran cargadas de flores y verduras.
En esta laguna, por determinados tiempos, se embarcan los vecinos de México para pasearse por todo el día a un pueblo llamado Iztacalco. Para este fin, cubiertas las canoas con sus carrozas de esteras, adornadas todas de flores del tiempo, se acomodaban una o dos familias, según las dimensiones de éstas."
El maestro Manuel Orozco y Berra, pilar de la vida cultural del México del siglo XIX, nos describe el canal de la Viga como un hermoso paseo bordeado por árboles y casas de campo, en cuyo costado transitaban carruajes y jinetes.
También nos expresa cómo las personas se embarcaban en canoas para ir a los pueblos de Iztacalco y Santa Anita, a comer sabrosas meriendas y a coronar a las mujeres con hermosas flores sacadas de las chinampas.
Los paseantes volvían cantando y bailando al ritmo de las tranquilas aguas del canal, tal como lo hicieran antiguamente los Virreyes en barcos lujosamente ataviados por cortinas y cojines de seda, y remeros vestidos de gala.
Orozco y Berra nos relata que a mediados del siglo XIX se vio un espectáculo sorprendente para la época: un gran buque de vapor recorría diariamente las apacibles aguas de aquel lugar.
En 1884 a causa de las graves inundaciones que sufría la ciudad de México, los lagos disminuían y canales como el de la Viga dejaban de tener agua corriente y se convertían en basureros y fuente de enfermedades, como el tifo que atacó a los habitantes de Iztacalco.
Iztacalco y Santa Anita estaban situados a la orilla del canal principal (actualmente calzada de la Viga) y todavía en la primera mitad del siglo XX perduraban los embarcaderos de trajineras y el mejor paisaje seguían siendo las chinampas dedicadas al cultivo de flores y legumbres y los canales llenos de aves acuáticas.
En 1920, creció muy poco la población, había 4450 habitantes. Para 1921 se trató de rescatar lo que el canal de la Viga alguna vez había sido por medio de fiestas como "concursos de reinas, arcos florales, trajineras jinetes, etc." y pasó a tener una nueva oleada y se puso de moda. A las fiestas se les conocía cómo de las Amapolas y a los visitantes se les ponía una corona con éstas pero ya para 1940 su uso se prohibió por la oficina de narcóticos.
En 1928, ante la negativa de los habitantes de Iztacalco de que se convirtieran en parte de la ciudad, obtuvieron una pequeña victoria, cuando un decreto presidencial les repartió 576 parcelas con una extensión de 195 hectáreas para uso agrícola.
A partir del 1º de enero de 1929, el territorio del Distrito Federal quedó dividido en 13 delegaciones entre ellas la Delegación de Iztacalco, que en aquella época contaba con el 0.7% de la población total, con 9 mil habitantes y con un territorio de 58.3 km2.
Durante los años 30 y 40 se comenzó un gran proceso de urbanización, creciendo las zonas habitacionales e industriales. Entre 1930 y 1950 el crecimiento en las Delegaciones que rodeaban el núcleo fue tal que se inicio "la expansión hacia el exterior del Distrito Federal, un periodo de expansión periférica".
Hacia 1940, el canal de la Viga comenzó a ser rellenado; aunque la actividad agrícola siguió en Iztacalco y Santa Anita. En 1951, tras un mandato del Presidente Miguel Alemán se transformaron los terrenos ejidales en zona urbana.
La población de 1940 hasta 1970 llegó a ser de 477 mil 331 habitantes. En 1970 la reforma quitó a Iztacalco gran parte de su territorio para formar las delegaciones Benito Juárez y Venustiano Carranza, convirtiéndola en la Delegación más pequeña de todas, con un territorio de 23.3 km2.
Iztacalco y las delegaciones cercanas, se dedicaron al cultivo de chinampas hasta que éstas fueron secadas en su totalidad o porque fueran ocupadas por fraccionamientos. Se llegó a registrar cultivo hasta la segunda mitad del siglo. XX.
Extraído de la 2ª edición del libro "En la casa de la sal - Monografía, crónicas y leyendas de Iztacalco". Gobierno del Distrito Federal.

